Tierra Medieval II

7ª Sesión: "Muerte al Alba"

Al caer la noche en el templo profanado, los cadáveres de la cámara subterránea cobraron vida y atacaron a los aventureros. El más poderoso de los no-muertos, el cadaver momificado del antiguo sacerdote de Orcus, portaba una llamativa piedra negra que colgaba de su cuello y emitía una tétrica luz púrpura. Pese a su hechicería y a la voracidad de los zombies que lo acompañaban, los héroes los derrotaron sin mayores inconvenientes, y recuperaron de sus cadáveres algunas posesiones mundanas y una interesante armadura de cuero rúnica.

Analizando la piedra oscura, Sinieson y Jeansen llegaron a la conclusión de que era un artefacto de origen maligno, cuyo poder se reforzaba naturalmente en el templo consagrado a Orcus. En ese momento, escucharon ruidos arriba de sus cabezas y subieron a investigar. En la planta baja del templo, una escena aterradora se vislumbraba en las afueras: cientos, miles de cadáveres se levantaban lentamente del suelo que los alojaba.

No pudiendo vislumbrar ningún resquicio por el cual escapar, los aventureros corrieron a barricar la puerta y las ventanas que dejaban expuesto el cuerpo del templo. En una carrera contrarreloj, lograron emplazar una sólida barrera que contuvo a los muertos vivientes, aunque tuvieron que enfrentarse a algunos zombies que lograron colarse entre los huecos de las empalizadas.

Luego de sellar los accesos, los héroes tomaron un respiro para analizar la situación. Sinieson, Jeansen y Doruin le dedicaron más tiempo a la piedra oscura que tenían en sus manos, y pudieron determinar que la misma había alcanzado su máximo poder en la noche, y que los muertos vivientes, animados por la misma, se sentirían atraídos por su poder. La piedra sólo podía ser destruida con ayuda divina, por lo que se dispusieron a purificar el altar a Bahamut para realizar el ritual correspondiente, pero en ese momento los zombies realizaron una poderoza avanzada y lograron penetrar algunos puntos de la empalizada que los personajes habían levantado.

Esta vez, la escaramuza contra los no-muertos fue más complicada, porque no sólo debían cerrar las brechas en la empalizada mientras combatían a los muertos vivientes que habían logrado penetrar, sino que al mismo tiempo Sinieson y Jeansen se ocupaban de purgar la piedra maldita. Finalmente, lograron cerrar las defensas abiertas, al tiempo que Jeansen y Sinieson, canalizando la energía de Bahamut en la espada y el estandarte sagrados, destruían la piedra, cuyas energías se desperdigaron en el aire. No obstante, ambos comprendieron demasiado tarde que, al ser destruida en el cenit de su poder, sus energías se mantendrían en curso hasta que terminara la noche, animando a los muertos hasta que el día terminara de difuminar su poder.

Varias horas pasaron los héroes manteniendo a los zombies a raya, hasta que en un momento las energías perdidas de la piedra dieron lugar a un último horror: un orco muerto-viviente, imbuido de energías malditas, se levantó desde las profundidades del templo, acompañado de una poderosa embestida de parte de los zombies del exterior. En un combate terrible y agotador, los héroes sudaron largamente mientras aniquilaban las filas de zombies una tras otra, pero éstas parecían no tener fin. Por cada zombie que derrotaban, más aparecían de las afueras del templo.

Apelando a todos sus recursos, los héroes lograron derrotar al no-muerto orco y a sus subordinados, y cuando ya no les restaban energías para repeler al mar de zombies que seguía manando y manando, un rayo de sol se coló entre las paredes arruinadas del templo, y los cadaveres cayeron al suelo, inertes. La maldición de la piedra había terminado, de una vez y para siempre.

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