Tierra Medieval II

1ª Sesión: "La torre en la tormenta"

Tiempo atrás, una compañía de aventureros atravesaba por la noche una peligrosa tormenta de nieve en la ruta que conecta las ciudades Viena y Munich, en la región europea de Baviera.

En medio de la niebla, divisaron fuego a lo lejos: una torre, que parecía ofrecer un refugio confortable en medio de los aullidos que los rodeaban, cada vez más cercanos.

Antes de poder alcanzar el refugio, un grupo de lobos los atacó desde la espesura, y el grupo se vio obligado a pelear en medio de la nieve y el frío. La batalla fue breve, aunque no sin sobresaltos, y luego de finalizada corrieron a la torre, desde donde una anciana, que les había prestado ayuda en la batalla arrojando extraños brebajes a los lobos, les gritaba que tomaran refugio.

La anciana los recibió en la torre y les permitió dormir allí; y a la mañana siguiente se presentó como Treona, principal arcana y consejera de la Familia Kiris.
La mujer les dijo que había contemplado la batalla contra los lobos, y que al haber visto su capacidad como equipo, consideraba que eran buenos candidatos para una importante misión: encontrar la última de las Piedras Asesinas de Kiris Dahn, antiguos artefactos que por siglos habían servido para defender la ciudad, pero que al caer ésta en desgracia una década atrás debido a una invasión goblin, se habían perdido. Treona temía que la piedra, de enorme poder, cayera en malas manos; y les dijo que si la recuperaban y llevaban a la torre, podría llevar a cabo un ritual para destruirla.
Les presentó a Kiris Alkirk, último descendiente de la casa gobernante de Kiris Dahn, y les dijo que lo más probable fuera que la piedra estuviera en la antigua biblioteca, en los templos, o en la mansión Kiris.
Por último, les dio 3 pergaminos mágicos que contenían un ritual para localizar la piedra si esta se encontraba en las cercanías; y componentes materiales para llevar a cabo dichos rituales.
El grupo aceptó la misión, y partió de la torre a Kiris Dahn.

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2ª Sesión: "Arribo a Kiris Dahn"

En el camino a la ciudad, decidieron dar un rodeo y tomarse el día haciendo reconocimiento del lugar: ascendieron hasta un punto medio de las montañas circundantes y analizaron los puntos de acceso más cómodos para llegar a Kiris Dahn. Con el mapa que les proveyó Treona como guía, decidieron acceder por medio del bosque. Luego de un accidentado viaje por la espesura y del combate con un guardia goblin, penetraron al interior de la ciudad, y poniendo a prueba sus energías, continuaron hasta el área de los templos.

Allí pretendían descansar en un templo de Kord, cuando escucharon gritos del exterior: un grupo de goblins parecía dispuesto a cazar “alimañas”. Al ver que los goblins se disponían a ejecutar a un humano en el interior de un templo de Sehanine, decidieron intervenir. Cuando la batalla ya parecía ganada, el humano que los goblins tenían como rehén se conviritió sorpresivamente en un Hombre Rata|. La bestia atacó a todo lo que se encontraba cerca de sí y, cuando se vio superada, escapo por los techos del templo. El grupo regresó al templo de Kord y luego de utilizar con éxito pero sin resultados el ritual en busca de la piedra, pudieron finalmente descansar, no sin antes discutir acerca de que el humano, antes de transformarse, portaba en sus ropas el símbolo de la Familia Kiris.

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3ª Sesión: "Idas y vueltas"

Al día siguiente, el grupo se dirigió al siguiente emplazamiento de la ciudad donde podría llegar a estar la piedra: la biblioteca, al suroeste. Luego de un accidentado viaje donde se toparon con unos kobolds (a los que tuvieron que reducir para evitar que revelaran su presencia), llegaron a la inmensa pero venida abajo estructura.

Allí combatieron contra un goblin hechicero y sus secuaces, y gracias al ritual de búsqueda encontraron en una gran sala símbolos de que la piedra había estado alojada allí, pero algo enorme, volador y escamoso se la habría llevado del lugar.

De vuelta a los templos, decidieron ir hacia el nordeste de la ciudad, puesto que un goblin que habían capturado les había revelado que alguna poderosa criatura había sido vista volando hacia esa zona.

En el camino, se enfrentaron con un poderoso orco, que según él había sido dejado atrás por una compañía de tales seres que también estaba buscando la piedra. Perturbados por esta nueva información, el grupo decidió descansar en el lugar para poder retomar la búsqueda al día siguiente con sus fuerzas renovadas.

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4ª Sesión: "La Mansión Kiris"

Al despertar, los héroes avanzaron por la ciudad hacia el nordeste, hasta la zona de los baños, y allí decidieron revisar el último lugar donde creían que podía estar la piedra: la Mansión Kiris, donde ahora habitaba el jefe de los goblins.

Para evitar las guardias más numerosas, el grupo salió de Kiris Dahn para entrar a la mansión desde el nordeste. Desafortunadamente tuvieron problemas con la orientación y fueron arribados por un grupo de centinelas goblin que les dieron pelea. Si bien pudieron derrotarlos, uno de ellos logró escapar, por lo que no les quedó más remedio que apurar el paso para intentar llegar antes que las noticias de su presencia.

Escalaron la muralla, eliminaron a un guardia y se refugiaron en unos escombros ya en el interior de la finca; sin embargo, su intento de distracción de los guardias de la mansión fracasó y debieron trabarse en combate. Los guardias trajeron refuerzos, y pronto tuvieron que vérselas con el mismísimo Hu-Jat, líder de los goblins, con sus guardaespaldas y con su temible montura draco. Evidentemente, estaban alertados de la presencia de intrusos en las cercanías.
El combate fue feroz y contrarreloj, combatiendo enemigos en todos los flancos y a su vez intentando finalizarlo antes de que el grueso de la tropa goblin llegara. Hu-Jat fue derrotado, pero a consecuencia de ésto su draco enloqueció y antes de ser derribado se llevó consigo a Doruin, quien cayó en combate. Al ver esfumadas sus posibilidades sin su líder, y no habiendo llegado aún los refuerzos que esperaban, los soldados restantes huyeron.

El grupo no vio otra posibilidad de sobrevivir que dentro de la mansión, y allí lograron esconderse dentro de las habitaciones del draco. Una vez allí, utilizaron sin éxito el ritual buscador y luego aguardaron expectantes.
Afuera se escuchaban gritos de caos y desorganización de los goblins, que parecían a punto de enfrascarse en un conflicto interno por el trono de líder. Aprovechando las circunstancias, y valiéndose de los talentos de Eclíptica, los heroes lograron salir de la mansión por una puerta trasera y escabullirse entre las brechas de la muralla. Con gran dificultad, sintiéndose abatidos y con pesar por no haber logrado su objetivo, consiguieron escapar de Kiris Dahn y llegar a la torre de Treona.

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5ª Sesión: "Una carga peligrosa"

Ya en la torre de Treona, los héroes descansaron durante la noche, y al día siguiente la anciana ofreció adelantarles la recompensa que tenía reservada para ellos y utilizar sus recursos para revivir al enano caído. Por medio de un poderoso ritual, Doruin volvía junto con sus compañeros.

El grupo se reunió para analizar la situación, y llegaron a la conclusión de que tenían una última oportunidad de localizar la piedra: la lucha intestina de los goblins constituía una ocasión breve pero relativamente segura para volver a escabullirse en la ciudad, y había buenos indicios para pensar que era un dragón quien tenía en su poder el objeto mágico, y que podía estar escondiéndose en los baños.

Siguiendo el mismo camino que en su primera incursión, pero sin encontrar centinelas en las fronteras, el grupo volvió a entrar a una Kiris Dahn demasiado ocupada en sus luchas internas. Ya en los baños, se dedicaron a revisar cada rincón en busca de alguna entrada o cueva secreta. Cuando ya habían inclusive registrado la piscina sin éxito, Sinieson encontró una entrada secreta dentro de lo que parecía ser un montículo de arena. Ingresaron en una especie de cueva, y a poco de andar por sus anchos y cálidos corredores una voz fastidiada les vino al encuentro. Un imponente dragón de bronce yacía ante sus ojos, dragón que no parecía muy complacido con su presencia.

Luego de una difícil negociación, tras corroborar sus buenas intenciones la poderosa criatura aceptó darles la piedra, que por supuesto estaba en su poder, para que la destruyeran y no volviera a causarle inconvenientes; pero a cambio les hizo prometer que se harían cargo de quien estaba enviando insidiosos orcos a fastidiar en su área de descanso, una tal Dreus, y que le llevarían una prueba de que no volvería a molestar.

Con el poderoso objeto en sus manos, el grupo abandonó rápidamente Kiris Dahn… no obstante, a poco de internarse en el bosque circundante, sufrieron un intento de emboscada por parte de un grupo de orcos. Su líder les exigió la piedra, y ante la negativa de los héroes, comenzó una cruda batalla a muerte, contra un grupo de enemigos implacables y bien organizados.

Aunque por momentos la vida de varios de ellos corrió peligro, el grupo consiguió hacerse de la victoria, y tras desvalijar los restos de sus enemigos caídos, se encaminaron al que, esperaban, sería el viaje final a la torre de Treona

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6ª Sesión: "El bosque maldito"

Luego de derrotar a los orcos, los héroes siguieron su camino hacia la torre de Treona, para poder por fin destruir la Piedra Asesina.
Mientras tomaban un descanso en medio del bosque, se sorprendieron al escuchar gritos provenientes de la bolsa de monedas de Sinieson: una de las monedas arrebatadas a los orcos era en realidad una Piedra de Encargo. A través de ella, su empleador reclamaba saber cómo marchaba el trabajo orco.

Simulando ser uno de los orcos Ojos Mutilados, Malfius engaño a la maga diciendo que habían obtenido la piedra, pero tras perder muchas fuerzas, y pidió indicaciones para poder llevar el objeto a destino. La maga reveló que su guarida se encontraba hacia el noroeste, en el bosque que se hallaba circundado por el río. Con esa valiosa información, los héroes se dirigieron hacia la torre de Treona.

Una vez allí, la anciana reveló que Dreus no era otra que su antigua aprendiz, que había huido de Kiris Dahn 10 años atrás luego de ser descubierta intentando acceder a tomos de conocimiento prohibidos. Si bien no volvió a saber de ella, Treona había oído rumores de que al escapar de la ciudad se había dirigido al bosque maldito de Garvus, al Noroeste. El bosque había sido objeto de numerosas leyendas desde hacía cientos de años, y nadie osaba acercarse al lugar, donde se decía que la muerte tenía una indiscutible presencia.
La anciana describió a la maga como una mujer ambiciosa y sin escrúpulos, obsesionada con la adquisición de poderosos artefactos, fuera cual fuera su origen. Rogó a los héroes que le dieran la posibilidad de rendirse si fueran a enfrentarse con ella, pero los instó a detenerla, pues no podía pasar mucho tiempo antes de que emprendiera otra peligrosa cruzada para obtener poder.

A continuación, Treona procedió a realizar el ritual para destruir la Piedra Asesina. Luego de 2 horas de arduos encantamientos, las energías arcanas abandonaron al objeto, y éste se volvió una inerte pieza de roca.

Con su objetivo principal cumplido, los héroes partieron hacia el norte, rumbo al bosque maldito. Descansaron durante la noche fuera del lugar, cerca del río que delimitaba la temible región. Al día siguiente, cruzaron dicho río con ayuda de la magia de Eclíptica y la habilidad con las sogas de Sinieson.

Luego de horas de marchar por el siniestro lugar, coronado por tétricos árboles, y carente de signos de vida animal, llegaron a un amplio claro, en cuyo centro descansaba una gran construcción, que parecía ser un templo. Sus enormes puertas, abiertas de par en par, estaban vigiladas por amenazantes gárgolas.
En su interior, los héroes encontraron unas estatuas de amenazantes figuras demoníacas, así como lienzos con macabras imágenes: el templo, originalmente consagrado a Bahamut, había sido mancillado y capturado en nombre del Rey Demonio Orcus, señor de los muertos vivientes.

Sinieson, Doruin y Jeansen derribaron la enorme estatua de Orcus que se encontraba en el centro del templo; debajo de la misma, se encontraba una bóveda dedicada a Bahamut. En su interior, encontraron un estandarte del Dios Dragón, y envuelto en el mismo, una enorme espada consagrada a la divinidad.
Portando el reciente hallazgo, y deseando limpiar el lugar de la corrupción que lo inundaba, los héroes bajaron por una puerta trampa que se encontraba en un extremo del templo. Accedieron a una cámara personal, donde yacían un conjunto de cadaveres; uno de ellos, momificado e inclinado hacia un altar a Orcus, portaba en su cuello una extraña piedra oscura, que al terminar de caer el sol, comenzó a irradiar una tétrica luz púrpura…

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7ª Sesión: "Muerte al Alba"

Al caer la noche en el templo profanado, los cadáveres de la cámara subterránea cobraron vida y atacaron a los aventureros. El más poderoso de los no-muertos, el cadaver momificado del antiguo sacerdote de Orcus, portaba una llamativa piedra negra que colgaba de su cuello y emitía una tétrica luz púrpura. Pese a su hechicería y a la voracidad de los zombies que lo acompañaban, los héroes los derrotaron sin mayores inconvenientes, y recuperaron de sus cadáveres algunas posesiones mundanas y una interesante armadura de cuero rúnica.

Analizando la piedra oscura, Sinieson y Jeansen llegaron a la conclusión de que era un artefacto de origen maligno, cuyo poder se reforzaba naturalmente en el templo consagrado a Orcus. En ese momento, escucharon ruidos arriba de sus cabezas y subieron a investigar. En la planta baja del templo, una escena aterradora se vislumbraba en las afueras: cientos, miles de cadáveres se levantaban lentamente del suelo que los alojaba.

No pudiendo vislumbrar ningún resquicio por el cual escapar, los aventureros corrieron a barricar la puerta y las ventanas que dejaban expuesto el cuerpo del templo. En una carrera contrarreloj, lograron emplazar una sólida barrera que contuvo a los muertos vivientes, aunque tuvieron que enfrentarse a algunos zombies que lograron colarse entre los huecos de las empalizadas.

Luego de sellar los accesos, los héroes tomaron un respiro para analizar la situación. Sinieson, Jeansen y Doruin le dedicaron más tiempo a la piedra oscura que tenían en sus manos, y pudieron determinar que la misma había alcanzado su máximo poder en la noche, y que los muertos vivientes, animados por la misma, se sentirían atraídos por su poder. La piedra sólo podía ser destruida con ayuda divina, por lo que se dispusieron a purificar el altar a Bahamut para realizar el ritual correspondiente, pero en ese momento los zombies realizaron una poderoza avanzada y lograron penetrar algunos puntos de la empalizada que los personajes habían levantado.

Esta vez, la escaramuza contra los no-muertos fue más complicada, porque no sólo debían cerrar las brechas en la empalizada mientras combatían a los muertos vivientes que habían logrado penetrar, sino que al mismo tiempo Sinieson y Jeansen se ocupaban de purgar la piedra maldita. Finalmente, lograron cerrar las defensas abiertas, al tiempo que Jeansen y Sinieson, canalizando la energía de Bahamut en la espada y el estandarte sagrados, destruían la piedra, cuyas energías se desperdigaron en el aire. No obstante, ambos comprendieron demasiado tarde que, al ser destruida en el cenit de su poder, sus energías se mantendrían en curso hasta que terminara la noche, animando a los muertos hasta que el día terminara de difuminar su poder.

Varias horas pasaron los héroes manteniendo a los zombies a raya, hasta que en un momento las energías perdidas de la piedra dieron lugar a un último horror: un orco muerto-viviente, imbuido de energías malditas, se levantó desde las profundidades del templo, acompañado de una poderosa embestida de parte de los zombies del exterior. En un combate terrible y agotador, los héroes sudaron largamente mientras aniquilaban las filas de zombies una tras otra, pero éstas parecían no tener fin. Por cada zombie que derrotaban, más aparecían de las afueras del templo.

Apelando a todos sus recursos, los héroes lograron derrotar al no-muerto orco y a sus subordinados, y cuando ya no les restaban energías para repeler al mar de zombies que seguía manando y manando, un rayo de sol se coló entre las paredes arruinadas del templo, y los cadaveres cayeron al suelo, inertes. La maldición de la piedra había terminado, de una vez y para siempre.

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8ª Sesión: "El nido de Dreus"

Salvados de la horda de muertos por la luz del sol, los aventureros aprovecharon las primeras horas del día para reponer fuerzas y descansar lo que no habían podido esa agitada noche.

Con el sol elevándose débilmente en el horizonte, un temblor sacudió a Malfius: Dreus se comunicaba a través de la Piedra de Encargo, sorprendida de que quienes creía sus esbirros hubieran sobrevivido al ataque de muertos que aparentemente también ella había padecido. Con astucia, Malfius logró convencerla de que no se encontraban muy lejos del bosque, y averiguó que ella había a apelado a protecciones mágicas para mantener a los muertos “provenientes del sur” a raya.

Luego de cortar comunicación con Dreus, Sinieson y Doruin hicieron un reconocimiento alrededor del templo para cerciorarse de que no hubiera más que cuerpos inertes en las cercanías, y luego se sumaron al grupo que dormía en el interior del templo recuperado.

Al mediodía, Eclíptica utilizó sus habilidades para subir al techo del edificio, y desde allí oteó el claro y el tétrico bosque en cuyo corazón se encontraban. Tras distinguir rastros de muertos que habían sido interrumpidos por el sol en medio de una marcha hacia el norte, los héroes se dirigieron allí para completar la marcha incompleta de aquellos cadáveres y encontrar la cueva de la maga.

Luego de un par de horas de marcha, siguiendo rastros de cuerpos inertes cada vez más abundantes a medida que iban hacia el norte, llegaron a un enorme árbol caído alrededor del cual pilas de cuerpos yacían en el suelo, al parecer frenados por alguna fuerza invisible. Eclíptica percibió una barrera mágica que había sido sobrepasada, y los héroes atravesaron el perímetro sin problemas. A pocos metros, una lomada cubierta de malezas ofrecía un espectáculo similar, aunque según Eclíptica esta segunda barrera protectora no había sido traspasada sino que se la había desactivado voluntariamente. Tras las malezas, una escalera de caracol conducía a una cámara subterránea…

Una vez abajo, los héroes se encontraron con vestíbulo que precedía una gran puerta de piedra. En medio del hall, un círculo mágico retenía a dos diablillos, que alertaron a los héroes sobre las trampas que allí había y les ofrecieron su ayuda si los liberaban. Los aventureros se negaron a ayudar a seres de tal calaña, e intentaron desactivar los sellos mágicos de la gran puerta. Lamentablemente, Eclíptica cometió un traspié mientras trabajaba, y las defensas se activaron, liberando a los diablillos y aislando a Eclíptica de sus compañeros con un muro de fuego de por medio.

Sin grandes dificultades, los héroes derrotaron a los diablillos y a unas armaduras animadas que los acompañaban, y lograron abrir la puerta. Lamentablemente, un diablillo consiguió escapar, haciéndose invisible.

Los héroes avanzaron, bajando por una escalera tras la puerta, y se encontraron con una gran cámara repleta de pequeños elementales, que se arremolinaban alrededor de una gran fuente de energías arcanas. Los elementales se combinaban en más poderosas criaturas y atacaron a los héroes, que sufrieron grandes mermas por el poder de sus enemigos y la dificultad para derrotarlos, pues seguían combinándose gracias a las energías de la fuente. Finalmente, apelando a todas sus energías, consiguieron derrotar a todos los elementales.

Luego de tomarse un respiro para reponer fuerzas, los aventureros avanzaron por una de las dos puertas que había en la sala, y bajando otra escalera, se enfrentaron con la mismísima Dreus, su guardaespaldas de tierra y con sus esbirros esqueletos. Aunque dotada de poderosos objetos mágicos a los que apelaba en toda oportunidad, y escoltada por muertos vivientes que aparecieron sorpresivamente por la retaguardia, la maga no fue rival para los héroes, quienes la acorralaron y derrotaron a su guardaespaldas. Viéndose superada, Dreus depuso las armas y se rindió, ofreciendo riquezas e información a cambio de su libertad. Los aventureros no hicieron caso de su petición y la mantuvieron cautiva, si bien respetaron su vida como Treona les había solicitado.

Luego de conseguir un abundante botín de la guarida de la maga, y de guardar sus posesiones mágicas para entregarlas a Treona, los héroes dejaron el nido de Dreus, y enfilaron una vez más hacia la Torre de la anciana maga…

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9ª Sesión: "Nuevas Direcciones"

Con Dreus como rehén, los héroes regresaron a la torre de Treona.
A pesar de la resistencia de la maga y el cruce con unos goblins que huían de la zona por alguna causa ajena a ellos, pudieron alcanzar la morada de la anciana sin altercados.

Una vez allí, se entregaron a la labor de decidir qué hacer con la cautiva: Malfius y Sinieson proponían llevarla con el Dragón de Bronce que quería su cabeza; Dorian y Eclíptica preferían no regresar a la caída Kiris Dahn.

Luego de mucho pensarlo, Doruin desempató a favor de que fuera el Dragón quien decidiera la suerte de Dreus: entendía que no se la podía dejar libre, y Treona no tenía medios para tenerla cautiva mucho tiempo. Además, le habían dado su palabra a la poderosa criatura de que le llevarían a quien había perturbado su tranquilidad, y no le agradaba incumplir su promesa.

Al ver que llevarla con un Dragón era una opción verídica y no un intento de intimidarla, Dreus ofreció información para “salvar las vidas de toda una ciudad” a cambio de su libertad, pero los héroes no la escucharon. Luego de pasar la noche en la torre de Treona, partieron nuevamente para Kiris Dahn.

Llegaron al nido del dragón sin ningún altercado: la ciudad parecía extrañamente vacía. Luego de atravezar la entrada de la madriguera (cuya fachada se encontraba desecha), los héroes encontraron a un dragón más furioso de lo que recordaban en el centro de la caverna.

La realidad era que, debido a la lucha interna de los goblins que ellos habían propiciado al acabar con el antiguo líder, el dragón no podía descansar en paz, y terminó espantando a las viles criaturas atacando sus fortalezas y derramando su fuego sobre sus cabezas. En consecuencia, su escondite ya no tenía mucho futuro, y tendría que mudarse. Por suerte para los aventureros, su humor se calmó un poco cuando le entregaron a la ambiciosa maga para que con ella hiciera lo que le pareciera justo.

El dragón interrogó a la maga, quien no pudo oponer mucha resistencia a sus preguntas, y así reveló que el grupo orco que estaba a sus órdenes le había sido entregado por Tusk, líder de los orcos “Ojos Cercenados” a cambio de unos planos que ella había robado de un monasterio en los Alpes. Dichos planos contenían información sobre unos pasos subterraneos que permitirían atacar la ciudad de Munich evitando pasar por Innsbruck, la fortaleza que vigilaba el paso de las montañas. Una gran invasión se estaba gestando.

Al recuperar una copia de dichos planos (que se encontraba escondida en los libros rituales que Eclíptica había tomado de la guarida de Dreus), los héroes dejaron a la maga con el Dragón, quien la tomó como sirvienta a cambio de respetar su vida. Con esa valiosa información, los aventureros marcharon a la torre de Treona, y luego de comunicarle el destino de su antigua discípula y de despedirse, emprendieron rumbo hacia el oeste.

Luego de 3 días de marcha – extrañamente tranquilos – los aventureros llegaron al pueblo de Salzburgo, que se encontraba rebosante de visitantes: hacía ya una semana que Munnich había hecho una proclama convocando a todos los guerreros y aventureros disponibles, para defender sus fronteras de una inminente amenaza orca. Al ver que la guerra les llevaba ventaja, los héroes se dirigieron a la taberna principal del pueblo. Allí entablaron conversación con un grupo de aventureros llamado “los jinetes libres”. Su líder, Megan Swiftblade, les hizo saber que el llamado de Munnich era más amplio de lo común, por lo que suponía que se esperaba una invasión especialmente grande. Muchos grupos de viajeros habían pasado los últimos días para llegar a Munnich, y ellos también lo harían.

Con estas sombrías noticia, los héroes descansaron en la taberna, y al día siguiente comenzaron a buscar provisiones para su viaje hacia la tierra en guerra…

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10ª Sesión: "They have a cave troll"

Luego de aprovisionarse para el viaje, los aventureros dejaron Salzburgo camino al noroeste.
El camino, bastante transitado en esos días debido al llamado de Munnich, no les presentó inconvenientes los primeros dos días.

La segunda noche de descanso, mientras hacía la guardia, Malfius pudo divisar a un enano encapuchado que caminaba sigilosamente por el camino a Munnich, por la noche. El tiefling se le apareció y el enano desenvainó una daga, sorprendido, y se puso en guardia. Malfius lo increpó pero el enano no parecía interesado en meterse en problemas, por lo que lo ignoró y siguió su camino.

Al día siguiente, mientras avanzaban por la ruta hacia el noroeste, el grupo se encontró con una extraña escena: a la derecha del camino, varios árboles parecían haber sido derribados por alguna fuerza desconocida. Doruin, intrigado, se adentró en la espesura para ver qué podría haber causado la destrucción, y pudo ver que los árboles caídos formaban un rastro desparejo y desordenado.

Al encontrar Sinieson unas enormes huellas que parecían haber sido seguidas por otras más pequeñas, se internaron en los árboles temiendo que alguna gran criatura pudiera poner en peligro a algún grupo de viajeros. Luego de andar un rato entre las malezas, fueron atacados por arqueros orcos, dirigidos por un extraño ser similar a un orco pero algo más grande y de piel algo azulada. A poco de trabar combate, apareció sorpresivamente un troll, que atacó a los aventureros. Los orcos parecían sorprendidos pero al mismo tiempo reconfortados por su aparición: Doruin, quien hablaba gigante, pudo saber que el troll se les había “escapado” a los orcos.

Mientras Jeansen y Sinieson se encargaban de los orcos, Doruin, Eclíptica y Malfius intentaban contener al troll, tarea nada fácil pues la poderoza criatura utilizaba fácilmente al enano como garrote y se regeneraba de las heridas que le producían. No obstante, gracias a los poderosos conjuros de Eclíptica, el trol fue finalmente derrotado, para no volver a levantarse. Dos de los arqueros orcos huyeron, mientras que un tercero y el jefe de la partida fueron eliminados. Luego del combate, los héroes pudieron observar que los orcos portaban símbolos que los identificaban como miembros de los Ojos Cercenados, la tribu orca que habría de atacar Munnich. El jefe resultó ser un orog, un medio-orco medio-ogro. Los miembros de dicha raza, de cierta rareza, suelen tener destacados puestos en las tribus de orcos si consiguen mostrar su valía, informó Eclíptica.

Con la cabeza del troll como trofeo, los héroes retomaron el camino, sabiendo que a un día de viaje se encontraba la gran ciudad de Munnich.

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